1) Echar en una sartén un chorrito de aceite de oliva y poner a freír el queso entero por ambas partes hasta que esté doradito.
2) Colocarlo en un plato y cubrirlo con unas cucharadas de la mermelada de arándanos.
3) Servir caliente o tibio para que el queso no se endurezca. En cada plato se acompañará con un poco más de mermelada.