"La dieta debe ser variada y moderada".
Con esta sencillez describe Gregorio Varela
Moreiras, profesor agregado de Nutrición
de la Universidad San Pablo CEU, de Madrid,
cómo ha de ser la dieta ideal. En España
se utilizan entre 105 y 110 alimentos en la
dieta habitual, lo que se considera un factor
muy positivo, sobre todo si se compara con otros
países europeos que tienen una dieta
menos variada. "A mayor variedad de alimentos,
más posibilidades de que a través
de ellos logremos incorporar los nutrientes
que necesitamos". En cuanto a la moderación,
el especialista indica que una dieta variada
debería implicar la ingestión
de alimentos en pequeñas cantidades.
Para Gregorio Varela Mosquera, padre del anterior,
catedrático emérito de la Universidad
Complutense y presidente de la Fundación
Española de Nutrición, lo más
importante de una dieta es la mezcla de alimentos.
España cuenta con una de las mejores
expectativas de vida. Sin embargo, hace unos
años, "nuestra dieta era muy criticada".
La dieta mediterránea, que hoy tiene
mucho prestigio, "no estaba bien considerada,
fundamentalmente porque éramos bajitos.
Y se pensaba que la estatura era índice
de salud. Después de la guerra, la gente
venía muy prevenida, sobre todo contra
la fritura en baño de aceite". Así
lo recogían incluso las legislaciones
de los países desarrollados, que afirmaban
que un alimento proteico como la carne o el
pescado, si se calentaban a más de 80
grados se desnaturalizaban, "olvidándose
de que cuando comemos una proteína lo
hacemos para desnaturalizarla por completo".
Sin embargo, tras un estudio realizado en siete
países, tres de ellos mediterráneos,
llevado a cabo por un grupo de Minessota, al
que después se incorporó Francisco
Grande Covián, el mayor especialista
en dieta mediterránea, se demostró
que, "aunque éramos bajitos y comíamos
cosas muy raras, nos moríamos menos de
enfermedades cardiovasculares". Eso hizo,
según el catedrático, que la dieta
mediterránea pasara a un primer lugar,
"incluso exagerándola, porque es
buena pero tampoco es la panacea".
Para el presidente de la Fundación,
las dietas no son perfectas y, además,
la mediterránea se está deteriorando.
"Nuestra dieta se basa sobre todo en la
grasa, que es diferente porque tomamos como
grasa el aceite de oliva, y también el
de soja, o el de girasol, que son igualmente
buenos. Pero, nuestra principal cualidad, que
es la calidad de las grasas, se está
estropeando".
El profesor explica que existen numerosos
productos en los que la etiqueta indica que
están elaborados con aceite vegetal,
"pero a veces no se trata de aceite de
girasol, como piensa la mayoría de la
gente, sino que son aceites extraños
en nuestra dieta, como por ejemplo el de palma,
coca o palmiste, que es como si se friera en
grasa de cerdo".
Un estudio reciente realizado para toda Europa
por el grupo de Varela padre, ha demostrado
que al freír el aceite de oliva no se
forman los ácidos grasos trans. En cambio,
éstos sí se forman cuando se utilizan
grasas industriales. En este momento, España
sigue teniendo el menor nivel de ácidos
grasos trans, aunque parece que están
aumentando. Varela padre advierte que se está
sustituyendo el pan tradicional por el pan de
molde, "que sí lleva muchos de estos
ácidos".
Un asunto que también preocupa en nutrición
es el relacionado con productos como la sal
o el azúcar, de los que habitualmente
aparecen estudios contradictorios. Para Varela
hijo, el problema de la sal es que se trata
de uno de los factores que provoca hipertensión
arterial. "No se sabe con certeza si hay
una asociación directa, aunque sí
puede ser un factor que contribuye a su aparición".
Pero el profesor añade que el gran inconveniente
no es la sal que se añade a la hora de
cocinar, si no la sal que incluyen los alimentos
procesados. "Nos encontramos con una fuente
de sal en cierto modo oculta, como es el caso
de las conservas. Por la forma de vida actual,
estamos abocados a consumir más conservas
y alimentos procesados y éstos normalmente
tienen gran contenido en sal. No cabe duda de
que tomamos más sal de la que necesitamos".
El azúcar tiene, para Varela padre,
la característica importante de que "produce
placer el comerlo". En su opinión,
su consumo en España es muy bajo porque
no hay repostería doméstica, que
en otros países es un problema considerable.
Del mismo modo piensa su hijo quien, sin embargo,
advierte que hay que tener cuidado con los grupos
de riesgo como los niños, en los que
ha aumentado considerablemente el consumo de
azúcar.
Debido al incremento, no sólo del azúcar
sino también de la mayoría de
los alimentos y al poco ejercicio físico
que se realiza, la obesidad está empezando
a preocupar en España. Aunque existe
una obesidad genética, el catedrático
de nutrición explica que "el incremento
de peso es consecuencia de un balance energético
positivo. Nadie engorda si no come más
calorías de las que gasta. Si alguien
demostrase que eso no es verdad, sería
premio Nobel automáticamente. Cuando
nos preguntaban a Grande Covián y a mí
si era posible adelgazar sin dejar de comer
decíamos que sí, que había
dos soluciones: una vía Lourdes y otra
vía Fátima".
Varela Moreiras también considera que,
aunque se ha avanzado mucho en el conocimiento
de los genes de la leptina, "de ahí
a poder explicar todas las obesidades a través
de las causas genéticas falta mucho".
En su opinión, es un problema claramente
multifactorial, "donde la genética
juega su papel, que se conocerá en breve,
y el otro componente es el ambiental".
A su juicio, no cabe duda de que aquellos países
con unas mayores ingestas medias de calorías
a través de la dieta presentan mayor
prevalencia de obesidad. El ejemplo más
claro es el de Estados Unidos, "donde la
obesidad ha pasado de ser un problema a ser
casi una epidemia". Se calcula que en el
año 2000 una tercera parte de la población
estadounidense tendrá problemas de obesidad. |