Cena marinera
Ya estamos a 9 de septiembre, los niños
empiezan su curso escolar y nosotros, los que
ya no tenemos que ocuparnos de eventos semejantes, empezamos
el nuestro, el "curso Fonseca", que si lo comparamos
con el otro, el escolar... non che quero contar....
El caso es que me tocaba confeccionar, si, confeccionar
la primera cena de este nuevo curso. Menuda responsabilidad.
Estuve pensando, pensando y, eureka, (no, no encontre el
jabón); me vino a la mente la idea de hacer una "cena
marinera". Dadas las circunstancias me pareció
una excelente idea y quedo decidido, todo con productos
del mar. Así que me fui de pesca. (Parrochitas fritas,
Sargos en cama de cebolla con pimientos
de piquillo y puré de patata, sopa
de pescado y melocotón
y cerezas en almibar con un toque de cointreau) Terminadas
las viandas comentadas dimos paso a esa otra parte de nuestras
cenas, al café, lantaño, guin-tonic, y a la
agradable tertulia sobre diversos temas, actuales o no,
siempre interesantes y planteados de la forma acostumbrada,
con buen humor, alegría, respecto, sinceridad e ingenio.
Buenas noches y feliz comienzo del nuevo curso.
Parece fácil, pero hay que comprarlas, enharinarlas, freírlas en aceite muy, muy caliente, dejarlas crujientes y sabrosas y no olvidarse de echarles sal antes de la harina. Después también se puede, pero no quedan tan ricas.
1) ¡Ah!, para enharinarlas lo mejor es "la bolsa de plástico". Esto es, cogemos una bolsa de plástico que no tenga "buratos". Echamos dentro la cantidad de harina que se considere apropiada, luego, una vez lavadas, las parrochitas previamente saldas, claro. Se menea la bolsa en plan coctelera de los 50 y quedan rebozadas a mas no poder.
2) Seguidamente a la sartén, con el aceite hirviendo de verdad y cuando están doradas y crujientes, al plato y éste a la mesa. Están ricas de verdad.