Entre la multitud de frutas que pueblan la geografía gastronómica, en Galicia, y más concretamente en la desembocadura del río Miño y en una zona muy pequeña, está implantado desde principios de siglo el mirabel, originario de la Selva Negra y perteneciente a la familia de las rosáceas. Se trata de una pequeña ciruela amarilla de delicado sabor, impregnada de sensaciones agridulces y con una textura muy dúctil, sin resistencia; se deshace en nuestra. Lo pequeño de su zona de producción y su extrema delicadez hace que raras veces lo podamos encontrar fresco, pero con cada vez mayor facilidad lo encontramos en almíbar. Aquí os dejo una receta sencilla, pero a la vez sabrosa para disfrutarlos.
1) En cuencos de postre individuales poner una bola de helado en cada.
2) Repartir los mirabeles alrededor de las bolas de helado.
3) Remojar con el almíbar por encima, si se quiere se puede mezclar el almíbar con un poquito de un buen licor de melocotón.