Donde y qué comer

La Hacienda de Cuba

Mª Eugenia Mosquera (Octubre de 2002)

Nada mas vislumbrar la original fachada que anuncia "La Hacienda de Cuba" intuyes que vas a entrar en un pedacito de la Habana antigua de los 50.

Con una decoración de tipo colonial, que va desde las grandes sillas de mimbre, a los camareros (cubanos en su mayoría) ataviados con las típicas guayaveras y la música de fondo, "La Hacienda..." te sorprende y engancha desde un principio.

La simpática carta, que comenta con una breve y divertida frase cada plato, te muestra una oferta no muy amplia -hay que ser fieles a la verdad- pero sí bastante sabrosa. Desde Croquetas de Yuca, Frituras de viandas (Malanga-yuca-plátano), que son algunas de las Entraditas con las que puedes ir abriendo boca; distintos arroces, moro, blanco, y el, como no, "a la cubana" -del cual irónicamente la carta comenta "tradicional, pero en Cuba no se vende..."-; carnes, limitada variedad de pescados (un tipo de dorada y dos de langosta); Yuca con mojo así como ensaladas de mango y camarón, piña rellena de cóctel.

Además de la carta, puedes optar por dos tipos de menú a diario (muy agradecidos para el bolsillo por la zona de Madrid en donde "La Hacienda..." está situada) con cuatro platos a elegir tanto en los primeros como en los segundos. Esto fue por lo que nosotros optamos, y que nos permitió disfrutar Buñuelitos de Malanga y unos huevos con Yuca y picadillo habanero (a partir de carne y aceitunas), pollo de Doña Juana Lamar (un guiso de pollo con una deliciosa salsa de naranja y cebolla) y un correcto entrecotte al carbón (la carne pedía más calidad). Todo esto regado con un rioja joven de muy buen paladar.

De los postres, que van desde helados, sorbete de limón al cava, distintas tartas... no hay nada destacable ya que la idea de un auténtico mojito pudo con dulce alguno, y estaba claro que estando en un restaurante cubano era un delito salir de allí sin haberlo degustado... Y es de ley afirmar que se trata de uno de los mejores mojitos que por la capital puede encontrarse, de chapeau, que puso fin así a una inolvidable degustación de "viandas" cubanas en un ambiente de lo más agradable y relajado.

No dejar de saborear un Daiquiri en una segunda visita.

Cierra los domingos por la noche.

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