1) Una vez muertas, se rebozan en un barreño con serrín. Con una mano se sujetan por la cabeza y con la otra mano y un paño se les quita el serrín
2) Con una tijera se corta desde el orificio del vientre hasta la cabeza, con el fin de sacarles la tripa.
3) Se les pasa un agua y se dejan escurrir.
4) Tener una sartén con abundante aceite, bien caliente
5) Rebozar en harina e ir friéndolas hasta que se pongan doraditas.